Publicado por aleKSandro el Oct 26, 2009 - 1 comentario
Este fin de semana he visto Ágora, de Alejandro Amenabar. Narra la vida de Hipatia de Alejandría, una filósofa de la antigüedad que destacó por sus estudios de astronomía. Hacía como unos 8 años que no veía una película en el cine en la que todo el mundo estuviera totalmente callado. Ni un móvil, ni un susurro… ocasionalmente, el niño sentado a mi derecha le preguntaba a su padre qué significaba tal o cual palabra (un mal menor teniendo en cuenta que el mero hecho de ver un crío de 12 años viendo esa película ya me hace volver a confíar un poco más en la condición humana).
La película en sí es un producto fantástico. La banda sonora, la fotografía, la tipografía… y Rachel Weisz hace un papelón impresionante. Aunque, como siempre, lástima del doblaje. Algún día se emitirán las pelícuas en VO, como debe ser, y todos apreciaremos mucho más el trabajo de los actores.
Hablando sobre la película con algunas personas, me cuesta trabajo creer la simplicidad mental que tienen algunos. La película supone una crítica a las religiones, a cómo por fanatismo unineuronal se llega a matar, y cómo las religiones han peleado entre ellas por ser poseedoras de la verdad absoluta durante siglos. Me aburre encontrarme con la opinión de “no veas cómo tienen que estar en el Vaticano… vaya guantazo que les han dado a los católicos… es una crítica al cristianismo”. Nada más lejo de la realidad. Ágora supone una crítica a la religión, sí, pero no a una en particular, sino a todas. Al concepto en sí. A la creencia en todo lo que no sea la Razón. Al fanatismo. Y pensar que esta película es una provocación a los cristianos del siglo XXI es una reflexión más propia de una ameba, tan unineuronales como los cristianos a los que critica.
Llevo varios días trabajando en un flipbook. Todos lo hemos hecho alguna vez, ese típico muñegote al borde de las páginas con el que nos entreteníamos en clase. La sensación de animación que produce el flipbook se debe al fenómeno de la persistencia retiniana, según la cual la retina guarda la última imagen que llega, haciendo que un objeto sea percibido cuando ya no está. De esa forma, el cerebro une la imagen que ya no está con la nueva, y rellena la parte de información que falta, provocando esa sensación de movimiento.
El flipbook es uno de los precedentes del cine, y se puede hacer uno con taco de post-its, en la esquina de una libreta o, para los más modernos, ilustrando en flash fotograma a fotograma, para posteriormente imprimirlo y encuadernarlo. Aquí van algunos ejemplos:
El congreso web ha causado estragos en mi ritmo de trabajo, y ya se me están acabando los artículos en borrador. Así que hoy comparto un vídeo de un grupo que se ha convertido en el descubrimiento del segundo semestre de este 2009. Se trata de cuarteto de nos, un grupo chileno. En particular, la canción “ya no sé qué hacer conmigo”, cuyo videoclip es un motiongraphics tipográfico bastante currado.
Una amiga me hace llegar este cortometraje de animación en 3D de Pixar. Es realmente bueno. Se puede ver aquí mismo, en la ventanita de Youtube… pero pinchando en el enlace que hay más abajo se puede ver en otra página que tiene el vídeo en mejor calidad.
Es que por más veces que lo vea, me sigue pareciendo uno de los mejores anuncios del año:
Pero el colmo de la creatividad es ver la secuela que Heineken ha hecho sobre sí misma. Atentos al juego de palabras entre “walk in fridge” y “walking fridge”:
Ya tiene varios años este tema, y la calidad del vídeo es penosa. Pero es el único que hay de esta canción. Las palabras que no son paz en el camino… son ángulos de pasillo.. Más claro agua.
Sobre la calidad del motion graphics…. todavía no sé hacerlos, así que no puedo valorarlos.
De verdad que estoy frito por aprender a hacer motion graphics, porque están a la orden del día. Y si no, atentos a la fantástica campaña anti-crisis de las tiendas Factory. Y los copy son buenísimos también: